En 1970 Luis Echeverría, ex-presidente de México acusado de genocidio, impone la virtual estatización del cine nacional, en un acto contradictorio, pues la exhibición, en gran medida, seguía en manos de la iniciativa privada, que se vio beneficiada con el descongelamiento de los precios de las entradas, que impulsó la producción de cintas cada vez de menor calidad.
De cualquier forma, los productores protestaron por la estatización, pero el giro estaba dado y durante un sexenio el gobierno mexicano alentó las coproducciones –con productoras privadas, directores, trabajadores y con el extranjero–, apoyó a productoras nuevas y se convirtió él mismo en productor cinematográfico a través de las productoras Conacite I y Conacite II (Comisión Nacional de Cinematografía y Televisión), Conacine y el Centro de Producción de Cortometraje.
Era un cine que contradecía al cine de la época de oro, de los cantantes juveniles, de los regaños morales, de la apología de la pobreza, de la ponderación del “sacrificio de la madre” como justificación para el sometimiento individual a la moral cristiana tan cómoda para el Estado, y de las comedias rancheras donde todo era soportable si había tequilas, mariachis y la oportunidad ocasional de echar bala.
La administración de Echeverría dio como resultado la creación del Centro de Capacitación Cinematográfica, la construcción de la Cineteca Nacional y un puñado de cintas que se encuentran hoy entre las mejores del cine mexicano: Reed, México Insurgente (Paul Leduc), La pasión según Berenice (Jaime Humberto Hermosillo), y las Actas de Marusia del chileno Miguel Littin. Entre estas películas se destacan tres obras: Canoa, El apando y Las poquianchis, dirigidas por Felipe Cazals.
¿De qué tratan?
Canoa 
Basada en hechos reales. Días previos a la inauguración de los Juegos Olímpicos de México y de la Matanza de Tlatelolco perpetrada por el ejército mexicano y el gobierno del PRI encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, Cinco jóvenes empleados de la Universidad Autónoma de Puebla intentan escalar el volcán La Malinche sin éxito, debido al mal tiempo. Pasan la noche en el pueblo a las faldas del volcán llamado San Miguel Canoa. El pueblo los confunde con comunistas e incitados por el párroco local deciden lincharlos.
El Apando 
Esta película está inspirada en una obra del escritor José Revueltas, quien la escribiera en sus años de preso político en el llamado “Palacio Negro de Lecumberri“, penal que funcionó hasta el año de 1973 o 1974, y que actualmente está convertido en el Archivo Histórico de la Nación.
En la cinta tres drogadictos –El Carajo, repulsivo y tuerto (interpretado por el actor José Carlos Ruiz), Albino (interpretado por Salvador Sánchez), y Polonio (Manuel Ojeda), aprovechan la debilidad de El Carajo por las drogas, para convencerlo de que sea su madre quien las introduzca al penal. Para llevar a cabo el plan, se apoyan en sus respectivas parejas La Chata interpretada por Delia Casanova y La Meche que protagoniza María Rojo. El plan resulta, pero desata una ola de violencia desmedida que refleja lo más oscuro del estado y la sociedad mexicana, así como revela el grado de corrupción que satura el sistema penitenciario mexicano, metáfora de la descomposición social que comenzaba a presentarse en el país en los años setenta.
Las Poquianchis (1976)
Basada en hechos reales. En la década de los 50, en el estado ultra-católico de Guanajuato, en México, funciona una red de prostitución controlada por tres hermanas que secuestran mujeres para esclavizarlas y ofrecerlas como prostitutas — todo con el apoyo de las autoridades estatales y municipales. Pero todo se descubre al encontrarse los restos de unas muchachas que habían sido mandadas asesinar por las poquianchis. Los cadáveres revelan la red de corrupción y podredumbre policíaca y política en uno de los estados más conservadores de México.